Cambiar el asfalto por la libertad de la montaña.
Hubo un momento en que entendimos que el éxito no estaba en la velocidad de la oficina, sino en la calma de la tierra. Regresar a las raíces de Lizeth en Riosucio fue una decisión de vida: unir su sensibilidad sociológica y comunitaria con la visión estratégica y el rigor en procesos de Carlos. Así nació el sueño de producir un café de autor que no solo se bebe, sino que se siente.


El perro que nos enseñó a ser leales a la tierra.
Cuando llegamos al campo, Don Loco ya era el dueño de cada sendero. Territorial, protector incansable y de una nobleza absoluta, su presencia nos marcó el camino. Vimos en su mirada que la locura es un privilegio de quienes deciden vivir ligeros de equipaje, sin el afán del mundo moderno.
Bautizamos este café con su nombre porque representa nuestra mayor promesa: ser tan leales a la calidad y a la trazabilidad de cada grano como Don Loco lo es con Finca La Alondra.


Finca La Alondra: Donde florece la paciencia.
Nuestra tierra lleva el nombre que la abuela eligió: La Alondra. Con ella aprendimos que la belleza requiere tiempo y devoción, un legado vivo que permanece en las flores moradas que crecen silvestres en el jardín de Lizeth y adornan los bordes de la finca.
Esa flor, que hoy viste nuestro empaque y nuestro logo, es el símbolo del cariño con el que seleccionamos cada cereza madura entre los 1.600 y 1.950 m.s.n.m.






Lleva la historia de nuestra finca a tu mesa.
Prueba una taza nacida del amor por la tierra, la precisión en los procesos y la custodia leal de Don Loco.


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